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| En el interior de la Antártida
no existe casi vida terrestre. Los pocos animales que la habitan
lo hacen en las costas y en sus islas. |
La vasta área geográfica que rodea al Polo Sur
recibe el nombre de Región Antártica. Esta incluye
a un continente (la Antártida), una gran extensión
marítima (el Mar Antártico) y un conjunto de islas
y archipiélagos aledaños.
Remota e inhóspita, extrema... la Antártida es
el continente más frío, seco y ventoso del planeta.
Es un viaje especial para aquellos que disfrutan de la naturaleza
y de las experiencias extremas.
Los icebergs son elementos comunes del paisaje de la Antártida
en verano.
El descubrimiento en la Antártida de fósiles de
plantas (helechos) y vertebrados (reptiles y anfibios) comunes
en Africa, India y Sudamérica demuestra que este continente
fue parte alguna vez de Gondwana, el supracontinente separado
de Pangaea y que incluía además a Madagascar y Australia.
Hace 220 millones de años, Gondwana comenzó a fraccionarse
hasta llegar a la separación de distintas masas territoriales.
La completa separación de la Antártida de otros
continentes, ocurrió hace 65 millones de años, mientras
se dirigía a la deriva hacia el sur. En este momento comenzó
también una nueva era de glaciaciones, lo que crearía
las condiciones propicias para la formación del hielo antártico
hace apenas 20 millones de años.
La existencia de la enorme masa de hielo que cubre la Antártida
puede hacer pensar que bajo la misma se halla tierra firme, pero
los últimos estudios científicos realizados dan
cuenta que el continente blanco está formado por dos masas
de tierra conectadas por un gigantesco puente de hielo. También
hay una cadena montañosa llamada Tranantártica,
la cual se extiende durante 4.000 kilómetros. Su pico más
alto es el Kirkpatrick de 4.500 metros de altura. Solamente el
3 % del continente tiene áreas libres de hielo, las que
han sido aprovechadas por varios países, para la instalación
de bases científicas, en su gran mayoría, ocupadas
durante el verano austral.
Una docena de volcanes diseminados por el territorio, están
aún activos. El más imponente es el Erebus, en la
isla de Ross, que posee un altura de 5.000 metros.
Los hielos antárticos establecen un vínculo entre
el continente y el mar circundante con sus islas. La capa de hielo,
que continúa incrementándose en el interior del
continente por acumulación de nueva nieve, fluye desde
el centro hacia la periferia. Al alcanzar la costa, los distintos
glaciares comienzan a fraccionarse originándose de este
modo los conocidos témpanos o icebergs, que luego flotan
a la deriva. Además de estos hielos continentales hay uno
marino, que es una película de hielo formada por el congelamiento
invernal de la superficie del mar, el que se extiende por centenares
de kilómetros, incrementando la superficie antártica
unos 20 millones de kilómetros cuadrados, hasta la llegada
de la primavera. La acción de las olas y el deshielo del
verano, quiebran el campo de hielo marino, quedando este reducido
a sólo 3 millones de kilómetros cuadrados hacia
fines de marzo.
El interior de la Antártida es tan inhóspito que
casi no sustenta vida terrestre, a no ser por algunos musgos y
líquenes, por lo que la presencia de los animales gira
en torno al mar y las zonas costeras.