Amos monumentales del mar austral
por Valeria Carrizo
En otoño, los gigantes se adueñan del Atlántico
Sur. Cuando las aguas intensamente azules comienzan a llenarse de
manchas negras es que han llegado las ballenas. Hay que prepararse
para siete meses de saltos en el océano y de tiernas escenas
entre madres y crías.
Los Golfos Nuevo y San José, que rodean a la Península
Valdés, en Chubut, son el lugar elegido por la ballena franca
austral para procrear y amamantar a su descendencia. El espectáculo
está al alcance de los sentidos. Basta con trasladarse hasta Puerto Madryn -1250 kilómetros de Buenos Aires- o hasta Puerto
Pirámides 100 kilómetros al oeste de Madryn.
La ballena franca austral es un cetáceo enorme: al nacer
mide entre 4 y 6 metros y pesa 3 toneladas. Crece a razón
de tres centímetros y medio por día, hasta superar
los 12 metros y las 50 toneladas cuando es adulto. Las hembras son
más grandes que los machos.
Estos animales llegan a las aguas del Chubut para aparearse. La
gestación dura un año y cada hembra da a luz sólo
una cría por vez. Los dos años siguientes al nacimiento,
la ballena madre se dedica en forma exclusiva a su cría.
Durante los primeros 12 meses, la amamanta y no se separa de ella.
Al año siguiente, procura que aprenda a valerse por sí
misma.
Desde playa El Doradillo, a 17 kilómetros de Puerto Madryn
por un camino de tierra, se puede observar con facilidad cómo
las madres juegan con los ballenatos durante horas. Este camino
se puede hacer en auto. La playa es espléndida.
Las ballenas comienzan a llegar a estas costas entre mayo y junio.
Este año, se observaron algunos ejemplares en abril. Se quedan
hasta noviembre o diciembre, época en que emigran hacia los
mares más australes en busca de alimento.

Una de las curiosidades de la vida de estos mamíferos marinos
está dada por su alimentación. Mantienen sus toneladas
de peso a base de alimento microscópico que dejan entrar
a través de las barbas que revisten su boca. Las ballenas
no tienen dientes sino barbas que atrapan el krill y el plancton
cuando llenan de agua su boca.
Para hacer avistaje de ballenas hay que viajar hasta Pirámides.
Empresas de turismo ofrecen la excursión completa, con el
traslado incluido desde Madryn. La excursión de mediodía
comprende sólo el traslado y el avistaje. La de día
completo incluye un recorrido por el resto de la Península
Valdés, visitando asentamientos de lobos y elefantes marinos,
además de reservas de aves.
La excursión de avistaje consiste en un paseo en lancha para
acercarse a los animales. No está permitido tocarlas ni acercarse
demasiado a ellas. De cualquier manera, es imponente permanecer
en el mar, con estos gigantes alrededor.
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