Un espejo para poetas
por Fernando Sánchez
Cuando el escritor chileno Pablo Neruda debió comenzar
su camino al exilio perseguido por el gobierno de su país
en 1948, cruzó la frontera por el conocido Paso de los
Contrabandistas, hoy llamado paso Lipela.
Tras recorrer durante
unas horas los senderos de un hermoso bosque de montaña,
llegó al lago Queñi, ubicado a 10 kilómetros
de la frontera y a unos 60 kilómetros de la ciudad de San
Martín de los Andes.
Recordando esos lugares el poeta reclamó a través
de alguno de sus versos "...lluvia del viejo bosque,/ devuélveme
el aroma y las espadas que caían del cielo,/ la solitaria
paz de pasto y piedra,/ la humedad de las márgenes del
río/ el olor del alerce,/ el viento vivo como un corazón...".
La belleza del lago Queñi es difícil de describir.
Sus aguas cristalinas se mezclan entre montañas que se
reflejan en el lago al tiempo que se pone el sol por detrás
de la casa del guardaparque. El río del mismo nombre vierte
sus aguas de deshielos sobre el lago, y si uno permanece allí
durante el tiempo que requiera el espíritu para poder percibir
lo que sucede alrededor, podrá apreciar entre otras cosas
a las truchas saltando para cazar moscas, o a los pájaros
carpinteros trabajando la madera de un tronco.
María Sol Mut Coll, de 25 años, es la única
habitante de la zona. Es la guardaparque que tiene la tarea de
cuidar esta área protegida, dentro del Parque Nacional
Lanín. Se trata de un lugar destinado a la conservación:
lograr que los procesos naturales continúen sin la intervención
del hombre. Lo único que se encuentra ahí es una
zona de acampe, ya que desde allí hasta el paso Lipela
es una "reserva natural estricta", por lo que se prohíbe
el paso del hombre.
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Para llegar al lago Queñi desde San Martín
de los Andes, hay que tomar la ruta que conduce a Hua Hum, transitar
los bordes de los lagos Lácar y Nonthué y luego
atravesar un camino angosto hecho en la montaña, que
conduce hasta la casa de madera de la guardaparque.
A pesar de su hermosura es uno de los lugares menos visitados
por los miles de turistas que arriban al Parque Nacional Lanín,
por lo que se convierte en un espacio ideal para entrar en un
profundo contacto con la naturaleza. Si no se cuenta con un
vehículo, la opción es navegar en una lancha que
sale desde esta ciudad hacia Hua Hum, y luego caminar durante
poco más de una hora para arribar al lago Queñi.
De ahí en más, a disfrutar de las maravillas que
despliega impúdica la naturaleza y dedicarse a obsevar
lo que observó el Poeta.

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