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La inmensidad
de la misteriosa
Meseta de Somuncurá. |
Desde Sierra Grande, y transitando hacia el oeste por la Ruta
Provincial Nº 5, se llega a la Meseta de Somuncura, un lugar
espectacular de mística y belleza, ideal para la práctica
de safari fotográfico y otras actividades. Allí
se pueden apreciar formaciones rocosas con características
únicas, especies de fauna autóctona, escenarios
lunares, pinturas rupestres, tallados en roca efectuados por aborígenes,
manantiales, y otros sitios de imponente atractivo.
La Meseta de Somuncura ocupa una amplia porción de la provincia
de Río Negro, su centro-sur. Es un área natural
protegida de unos 13.000 a 15.000 kilómetros cuadrados.
Una altiplanicie basáltica, con relieves sobre-impuestos:
conos volcánicos, sierras, cerros, cerritos mamilares con
alturas máximas que se acercan a los 1.900 metros sobre
el nivel del mar (el Cerro Corona), intercalados con lagunas temporarias,
arcillosas.
La meseta es una formación de bordes que presentan hendiduras
-cañadones- denominadas localmente "rincones",
por donde bajan los arroyos que las provocaron.
Los intentos por concretar la creación de un área
de reserva natural protegida datan de 1973. La propuesta surgió
del Centro de Investigaciones Científicas de Río
Negro (CIC). La región de Somuncurá no sólo
reviste interés geomorfológico, geológico,
climático, biológico y ecológico, sino que
sus características sui generis son únicas en Río
Negro y en la Patagonia.
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Un habitante de
la
extensa meseta. |
Finalmente en 1993 fue aprobada la Ley de Áreas Naturales
Protegidas.
Este área es de gran interés biológico por
la existencia de especies y subespecies endémicas (que
habitan en un solo lugar del planeta) vegetales como una compuesta
y una malvácea, o animales como la antiquísima mojarra
desnuda (pececillo sin escamas), la ranita de somuncura, la
lagartija de las rocas, algunas subespecies del piche patagónico
y un habitante de las rocas: el pilquín o chinchillón.
Somuncura significa en lengua Mapuche "piedra que suena
o habla". El topónimo se relaciona con el sonido de
las rocas, presumiblemente basaltos, tal vez en relación,
a su vez, con el sonido del viento.